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Transporte colectivo y vehículos particulares

Extracto de la Columna de Opinión de José Alejandro Arévalo,
tomado de la página 23 de Prensa Libre del jueves 8 de febrero de 2007

Columna de opinión, publicada en los medios.

Ciudad de Guatemala, 2007/ Sólo el año pasado el parque vehicular aumentó en 222,204 vehículos (20.6 por ciento), para totalizar 1,302,272 vehículos. A este ritmo, en cuatro años habremos duplicado la cantidad de vehículos en circulación.

Las calles ya no se dan abasto para absorber tanto vehículo y nos encontramos atascados a todas horas y en casi cualquier punto de la capital y sus accesos.

No importa cuantos pasos a desnivel se construyan o el esfuerzo de los policías municipales de tránsito, o el uso de semáforos (tontos, inteligentes, satelitales o lo que sea), la realidad es que en las calles de la ciudad ya no caben más vehículos. Así como lastimosamente conocemos varias experiencias ingratas de pésimos servicios públicos prestados por el gobierno, en la ciudad el transporte colectivo es la peor expresión de un servicio privado, porque los dueños de los buses urbanos son particulares.

Los dueños de los buses han tenido el “sartén por el mango” porque, cada vez que se ha intentado ordenar o liberar el mercado o revisar los precios del transporte público,  el resultado han sido cruentas manifestaciones por la resistencia de los usuarios a pagar más.

Inseguridad, obsolescencia, contaminación, peligrosidad, suciedad y pésima atención a los usuarios de este servicio privado de transporte colectivo, han hecho que adquirir un “pichirilo” usado, sea una de las aspiraciones de la mayoría de familias.

Ante la ausencia de un sistema de transporte colectivo de calidad, dos de cada tres carros que se agregan al parque vehicular corresponde a vehículos usados, rodados. Según las encuestas, aunque el 48 por ciento de las familias metropolitanas posee vehículo, el 75 por ciento utiliza cotidianamente las camionetas.

El gobierno municipal decidió iniciar el establecimiento de un sistema metropolitano de servicio público de transporte masivo o colectivo, llamado Transmetro, mediante autobuses articulados que utilizando vías exclusivas, trasladaran a miles de personas desde las entradas de la ciudad hasta el centro cívico. El primer ramal, el del Sur, fue puesto en operaciones recientemente.

Esto ha dado imagen de improvisación que no es lo característico del Alcalde capitalino, quien siempre ha demostrado coraje y decisión inquebrantable en todos sus proyectos de proyección social, aunque al principio haya sido incomprendido y vilipendiado pero, al final, el tiempo le ha dado la razón.

Las críticas de los automovilistas que representamos el restante 25 por ciento, que usamos vehículos particulares para movilizarnos, nos sentimos afectados porque las vías exclusivas del Transmetro reducen un carril de las sobrecargadas calles de la ciudad de Guatemala.

Pero si el Transmetro logra sobrevivir a la crítica y mejora las falencias de principiante, será un cambio radical para la transportación masiva urbana; el primero en Centroamérica.

Mientras tanto pareciera haber aflorado el conflicto subyacente entre la mayoría peatonal que debe usar el transporte colectivo, y quienes poseemos vehículo propio que celebramos cada vez que construyen un paso a desnivel; pero ahora despotricamos contra las vías exclusivas del Transmetro.

Solidaridad y egoísmo contrastan, sin percatarnos que todos perderemos si no vemos el problema desde una perspectiva integral. Si solo criticamos destructivamente y no encontramos soluciones, al final, todos podemos terminar siendo peatones.


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